Ciclismo en apuros

José Manuel Egido

Artículo publicado en el portal www.vistazoalaprensa.com

EL ciclismo español era un deporte de alpargata (la frase la patentó mi amigo Simón Rufo) hasta que llegó la televisión en directo. Fue en el 83, en una Vuelta a España que ganó el gran Hinault y en la que el público, especialista y profano, se maravilló al ver unas imágenes antes privativas del Giro (la RAI, la época de Fuente) y el Tour (Ocaña, Merckx…) Desde entonces y hasta hace bien poco la bicicleta nacional llevaba una trayectoria al alza, frenada en parte porque había tocado techo y en mayor parte por los intereses creados. Era un deporte asequible, y ahora es caro. Los culpables están bien identificados.


En estos días se rumorea que cuatro de los seis actuales equipos profesionales del país puede que no continúen el año próximo. La casa Kelme, decana del pelotón nacional e internacional, parece al borde de la quiebra; la todopoderosa Once (que alguien me explique para qué demonios necesita hacer publicidad con el ciclismo y, sobre todo, correr fuera de España) está obteniendo sus peores resultados deportivos, el Banesto es un banco y los banqueros pegan el cierre sin más explicaciones, que tampoco tienen por qué darlas, y el modesto Jazztel tampoco anda muy sobrante de economía. Curiosamente, sólo quedarían dos formaciones medio patrocinadas por instituciones públicas, Euskaltel-Euskadi y Relax-Fuenlabrada.


Sin la ley de mecenazgo ansiada desde hace tiempo que permitiera las desgravaciones pertinentes, la inversión publicitaria ya no es tan interesante como era. Desde hace tiempo los “sponsors” deben pasar por Hacienda y por Seguridad Social y eso, claro, no compensa. Hacienda es implacable y la Seguridad Social resulta muy cara. Varios y claros culpables de la actual coyuntura. Desde la Unión Ciclista Internacional, máximo organismo mundial de la materia, hasta ciertos personajillos, ni siquiera personajes. La UCI lleva tiempo intentando equipararse con el tenis ó la Fórmula Uno y desde luego, ni es la ATP ni Ecclestone. La rueda catalina es un deporte de fuerza y sudor, no de matemáticas, complejas clasificaciones, “rankings”, laberínticos calendarios, Copa del Mundo y demás mandangas. Los organizadores de carreras han ido siempre a aprovecharse de los equipos y los equipos han ido a sangrar a los organizadores. Por medio, asociaciones de cualquier tipo. Un todos contra todos que a nadie beneficia y que va a acabar con la gallina de los huevos de oro de un deporte sin taquillas ni apuestas, con sólo publicidad. El pastel publicitario, con ser grande, no es lo suficiente para las ambiciosas apetencias de unos y otros.


La Real Federación Española de Ciclismo no sólo no arbitra, sino que se inhibe.

La todopoderosa Vuelta a España, tradicional locomotora de la especialidad, sigue llevándose todo para ella y no dejando nada para los demás. Y la televisión nacional continúa con sus monótonas retransmisiones. El aficionado tiene derecho a estar harto y los mecenas a dedicarse a otra cosa.


Para completar el panorama, los tiburones de rigor. Un tal Víctor Cordero, inventor del ciclismo nacional e internacional, que pasó de gerenciar (¿) más de un equipo ciclista a erigirse en gerente (¿) de la propia Asociación de equipos, a la sazón acérrima enemiga de la Vuelta a España porque el buque insignia parecía no daba bola a nadie. Pero el personaje en cuestión pasó a fichar por la Vuelta y pretender seguir siendo el tótem absoluto; se desmarcó de la Federación Española, camelando a los indocumentados dirigentes del Consejo Superior de Deportes y creando el Consejo de Ciclismo Profesional. Su por ahora última maniobra es aprovechar la presidencia española de la Unión Europea y pretender crear la Federación de idem de la materia. Con él de gerente, claro, y el ególatra de rigor de presidente. La desfachatez no suele tener límites y en su caso, menos. Se trata de dar jabón a ministros, secretarios de estado, presidentes de las instituciones que interesen, publicistas y quienes sean, pasar por encima de todo y de todos y llevar hasta donde sea sus intereses personales sin la más mínima vergüenza. Su teoría es que él es el único capaz y que los demás o son tontos o están muy por debajo.


Así está el galimatías. Las quejas a posteriori no sirven. Cada uno va a la suya y se lleva por delante lo que sea. El que venga detrás, que arree. El aficionado debe de pedir cuentas y responsabilidades porque egoísmos y culpabilidades están bien definidos. Indurain sólo hubo uno. Los belgas tuvieron a Merckx, los italianos a Coppi y los franceses a Anquetil. Sin una figura que impida ver el trasfondo, la bicicleta rojigualda está tocando fondo. El petardazo está próximo. El entramado ciclista nacional se va a venir abajo.